Tranquilamente hablando
Hay habitaciones que pasan por tu vida como simples números, como los hombres lo hacen para las prostitutas. Sin embargo, hay habitaciones que en un amanecer eres capaz de ligártelas, emborracharlas y llevarlas a la cama. La 21 no tenía grandes curvas pero escondía en su interior hermosos órganos vitales.
Digamos que la 21 ya nunca será la misma; ella sabe que se convirtió en una habitación de cinco tenedores. Un par de horas fueron suficientes para levantar su papel y pintar cada hueco de sus paredes con el color de los secretos.
El primer contacto es el más importante, todo debe estar a punto: la música, la ropa, los actores, el tiempo. Durante el rodaje todo se ensucia, los cuerpos sudan y la luz varía. Los latidos aumentan y la 21 se deja llevar hasta el pálpito final. Y es entonces cuando la noria enciende las luces y comienza a rodar. Las paredes, cansadas de tanto sudar, escuchan todo lo que tienes que contarles. Te arropan si lloras y te silencias si gritas. Sin embargo, nunca serán capaces de disimular el ruido de la felicidad.
Dejar a la 21 ha costado más que con ninguna. Se debe cerrar la puerta rápido y comenzar a andar sin más pero con la 21 algo hizo que echase la vista atrás. Y allí estaba ella… sonriendo. Sabía que conmigo se iba su pureza pero a ella le daba igual porque ella es la 21, una habitación de armas tomar.
Hay habitaciones que son simples números, sin embargo, hay otras que tras follártelas pasan a ser tu felicidad.